miércoles, 9 de abril de 2008

"El camino del encuentro" de Jorge Bucay y lo que produjo...


Ahora lo veo. Ahora tiene un nuevo significado. Entendí lo mío al leerte, y me dijo muchas cosas, y me encantó. Pero encontrarme con estas palabras desde otro lugar, un otro que lo nombrara, permitía reencontrarme con tus palabras y re-significarlas a la vez:


"...llegar a amar tanto que me alegre sólo por el hecho de que el otro exista".


Y tal vez estas palabras tienen ahora un nuevo significado no porque las entiendo sino porque las vivo. Y me gusta. Y disfruto sintiendo que me ubiqué en este nuevo lugar: Te quiero por lo que sos.

Y nada tiene que ver conmigo. No se relaciona con lo que ME das. Es mas bien por lo que TE das, por lo que TE permites. Por lo que vives, por lo que luchas, por lo que buscas. Porque intentas en el AHORA ser coherente con lo que crees. Porque yo no tengo nada que ver en esto. Y aunque realmente disfruto nuestros momentos de encuentro, puedo perfectamente desaparecer y tú seguirás SIENDO.

Y como dice Josef Zinker:

"El amor es el regocijo por la sola existencia del otro"

5 comentarios:

Tomás Goic dijo...

Excelente frase para terminar tu escrito, que dicha que tengas alguien especial en tu corazón eso siempre ayuda para hacer nuestras existencias más llevaderas.

justneon dijo...

Lo que no en algún momento llega a darse cuenta es que el acto de amar no tiene nada que ver con el otro.
Lejos de la lógica intercambiaria con que la gente maneja a diario en sus asuntos amorosos, el acto inicial, valiente y decidido de amar a alguien o algo, es lo que pone en marcha lo demás.
Cuando uno más da, más recibe (pero no al revés), y cuando uno se atreve a sentir y compartir ese amor, no hace más que engendrar más, dar impulso, mover a los demás a hacer lo mismo.
Claro que hay gente, que por historia, cercanía o intimidad, nos resulta más fácil (o más seguro?) amar. Pero lo cierto es que el potencial que llevamos dentro para descargar esa energía sobre la gente y el universo está limitada sólo por nosotros mismos. Nadie la merece más que otro, simplemente no con todo el mundo nos atrevemos a hacerlo con la misma intensidad.
Existen medios socialmente instaurados para esparcir cariño de manera más indiscriminada y menos cautelosa, como por ejemplo la religión. Pero al final no es ni la gracia de dios, ni la hermandad de la congregación la que hace la diferencia. Es uno mismo y qué tanto se atreva a darse.
La gente más cautelosa del mundo nunca pierde en el amor, pero tampoco nunca gana. Nunca toca la vida de los demás porque nunca se asoma por la ventana, nunca regala una flor ni una sonrisa sin calcular el interés.
Uno podría pensar que son bien ahorrativos con esa energía, y la están acumulando para ese alguien o ese momento especial. El asunto es que el amor es, solo en tanto se comparte; sólo se pasa de un lugar a otro y no se puede envasar, ni guardarse para el desayuno de mañana. Se crea en interacción, y todo aquello que por miedo no dejés salir o compartir, eso se perdió. No hay de otra.
Por otro lado, aquellos que se atreven un poco más, a practicar querer sin tanto requisito ni formularios que llenar; esos son los que generalmente, hasta sin proponérselo, tocan la vida de la gente, inspiran a los que pasan y encienden chispas que mueven a los demás a despertar.
Si amás a alguien, es probablemente porque esa persona iluminó uno dos o tres trayectos de tu vida con su luz, o bien, porque te diste cuenta que amar es una decisión consciente y que si alguien tiene que empezar, por qué no yo?

Crisálida dijo...

...o porque esa persona iluminó uno dos o tres trayectos de mi vida con su luz, pero me decidí a amar abiertamente, sin reservas, sin temores, hasta que me di cuenta que amar es una decisión consciente, que no tiene nada que ver con el otro y que si alguien tiene que empezar, por qué no yo? ;P

El pasajero dijo...

El encuentro es importante para no andar perdido...

Literófilo dijo...

Insulina para tanta azucar!!!!